Entrevista a Jean-Louis Bouchard, Presidente de Grupo Econocom en La Tribune

"Emprender ya no es un valor sino un deber" Jean-Louis Bouchard

Precursor en la prestación de servicios digitales a empresas con la creación hace cuarenta años de Europe Computer Systèmes (hoy en día el Grupo Econocom), Jean-Louis Bouchard acepta con mucho gusto el papel de experto y "se atreve" a difundir sus análisis y consejos a los jóvenes emprendedores.

 

LA TRIBUNE: ¿Cuáles son las cualidades imprescindibles para ser emprendedor en Francia en 2016?

JEAN-LOUIS BOUCHARD: Audacia y creatividad. Y hoy en día habría que añadir agilidad porque lo numérico lo acelera todo: la comunicación, los intercambios, las formas de trabajar. El emprendedor, por lo tanto, tiene que adaptarse rápidamente a este mundo cambiante.

Más de uno de cada tres franceses (el 37%) contempla la posibilidad de crear o retomar una empresa existente (1). ¿Qué consejos les daría?

Que se centren en los clientes, siempre los clientes. Son el origen de todo: hay que escucharles en todo momento, seguirles y responder a sus necesidades. Hay que tener claro también con quién se asocia uno, porque crear su propia empresa o startup solo es poco habitual, suele haber varios socios. Y resulta absolutamente necesario compartir con ellos los mismos valores.

Se sigue describiendo la creación de empresas como una carrera de obstáculos. ¿Qué habría que cambiar para facilitar el emprendimiento en Francia?

No estoy en contra de los obstáculos, al contrario, es lo que nos permite aprender. Creer que se puede crear une empresa sin dificultad es una utopía. Pero habría que acabar con la multiplicidad de leyes, reglamentos y normas. Propongo un cambio constitucional muy sencillo: ponerles fecha de caducidad a las leyes. La ley en pro de los trabajadores minusválidos por ejemplo, es de hace treinta años [en 1987, N. de la R.]. Hoy en día, ningún político se atrevería a tocarla porque estaría mal visto. Sin embargo, esta ley, aunque sea imprescindible, no está adaptada a la sociedad moderna en su forma actual. Cada ley que se vote debería tener por lo tanto su fecha de caducidad –cinco años, diez años– y se debería realizar una evaluación a medio camino. Así se podría evitar así este milhojas jurídico inextricable e ineficaz al que se enfrentan los emprendedores.

Para los jóvenes, crear su empresa es a menudo sinónimo de ascensor social. ¿Cómo definiría este “valor de emprendimiento”?

En el siglo XXI, tenemos la suerte extraordinaria de poder emprender. La sociedad pone a nuestra disposición multitud de cosas: infraestructuras de seguridad, una diplomacia, medios de comunicación, un sistema de salud, la seguridad social, hombres y mujeres formados y educados, etc. Emprender ya no es un valor sino un deber.

Son cada vez más los jóvenes emprendedores que eligen crear su startup en el extranjero. ¿Cómo hacer que quieran quedarse o volver a Francia?

Se equivocan marchándose fuera para montar su empresa. El refrán dice que nadie es profeta en su tierra pero en el mundo de la empresa, ¡es lo contrario! Hay que empezar por ser fuerte en su propio país antes de irse fuera. La primera empresa que creé en 1973 se llamaba Europe Computer Systèmes porque creía mucho en Europa y pensaba que en cinco o diez años todo el mundo iba a ser europeo. En realidad, Econom es una sociedad europea desde hace tan solo dos meses… Evidentemente se pueden tener socios, enlaces, filiales en otros sitios. Pero hay que echar raíces, estar arraigado en algún sitio. Yo, por ejemplo, soy europeo de Francia.

¿De qué manera el universo de lo digital es propicio a la creación de una empresa o startup?

El mundo de lo digital se confunde con el de las comunicaciones. En el siglo XVIII, circular por vía terrestre era largo y difícil. Por eso se viajaba por el mundo en barco. Las primeras empresas, como las compañías de las Indias, un término genérico para referirse a una compañía que gestionaba el comercio entre una metrópolis europea y sus colonias, nacieron del comercio. Lo digital es la explosión de los medios de comunicación. Trabajamos todos dos o tres veces más que hace cuarenta años. En aquella época, cuando volvía a casa, tenía dos o tres expedientes mimeografiados, no existían las fotocopiadoras. Y cuando quería llamar por teléfono a un empleado no podía hacerlo porque sólo teníamos una línea de teléfono fijo y solía usarla por lo general mi hija. Hoy en día se trabaja todo el día, es incluso demasiado. Estos nuevos medios de comunicación –Internet, los smartphones– como es natural generan la creación de numerosas empresas y startups.

En su opinión, ¿cómo va a evolucionar lo digital mañana?

Espero que se simplifique. Lo digital nació con la llegada de los ordenadores científicos después de la guerra y, tras ello, los ordenadores de gestión de los años sesenta. Después, la informática salió de salas repletas de grandes máquinas de cálculo, a través de pantallas conectadas, y luego PCs, y ahora tenemos los smartphones y las tabletas. Pero es complicado coordinar todos estos aparatos y canales. Es un proceso discontinuo que funciona a trompicones. Mañana habrá que hacer más fluidas todas estas funciones. Las infraestructuras y el software tendrán que funcionar como la electricidad: nadie se pregunta cómo llega la corriente a las tomas, el servicio es continuo y sin costuras.

Econom es un gran grupo internacional y, sobre todo, europeo. ¿Hay que pensar de forma global para tener éxito?

En cualquier caso no es un inconveniente. Yo aprendí a emprender en Estados Unidos, donde viví durante diez años. En un momento dado, Econom tuvo hasta 500 empleados en Memphis, Tennessee, donde iba una semana al mes. Hoy en día ya no estamos allí porque pienso que los americanos no nos necesitan en nuestro sector de actividad. La mentalidad allí es diferente, los valores también. Formé parte de la aventura de Renault en Estados Unidos en los años cincuenta. El Renault Dauphine no estaba hecho para el clima norteamericano: los radiadores explotaban, las suspensiones no aguantaban. Renault se fue de allí de manera lamentable. Pensar globalmente no es un hándicap, pero hacerse global es un reto difícil de alcanzar en ciertos casos. Creo que muchas grandes empresas se harán más pequeñas en los próximos años.

Finalmente, ¿qué mensaje daría a los jóvenes emprendedores de hoy en día?

Que no se fíen del éxito. Con el éxito no se aprende nada, al contrario, le puede hacer a uno perder la cabezaSe aprende mucho más de los fracasos. Por supuesto el éxito permite contratar talentos, atraer financiación. Pero cuando uno fracasa, se cuestiona a sí mismo y lo vuelve a intentar. Es en realidad la mejor manera de avanzar y, sin duda, de innovar.

 

(1) Encuesta Opinion Way de enero de 2016 para Union des auto-entrepreneurs (Unión de auto-emprendedores franceses o UAE)